EL MILAGRO DE LA SEGUNDA OPORTUNIDAD
En un lugar muy
lejano y hermoso a la vez existía una bella hacienda, fructífera en todos los
sentidos, estaba llena de cultivos y ganado de los cuales se tomaba la materia
prima para la industria de lácteos perteneciente al dueño de dicha hacienda.
Carlos un hombre trabajador y entregado era el propietario de esta enorme
hacienda, tuvo lo más valioso para el en su vida, su hijo Andrés que en sus
primeros años fue la mayor alegría para él y su esposa. Al cabo de 6 años la
madre de Andrés y el gran amor de Carlos falleció a causa de una terrible
enfermedad. Carlos se vio muy afectado por ello pero jamás desfalleció sabía
que tenía por quien salir adelante.
Con el pasar de los años Andrés se consolido como un
joven feliz, dinámico y amiguero que quería mucho a la hacienda en la que se
crio, terminó sus estudios secundarios e ingresó a la universidad de la
localidad más cercana para estudiar la carrera de administración de empresas,
teniendo que mudarse a un departamento que pagaba su padre.
Un día Carlos se ve preocupado por las decisiones que
estaba tomando su hijo y lo llama a su oficina, al verse se dan un fraterno
abrazo y se sientan uno frente al otro y
empieza la plática entre ambos:
Carlos: tú sabes hijo que te quiero y te adoro y eres lo más
valioso que tengo por ello quiero lo mejor para ti.
Andrés: Si padre eso lo sé muy bien.
Carlos: me doy cuenta que están entrando en un camino
equivocado, tus amalas amistades, amanecidas e incluso el ultimo choque que
tuviste.
Andrés: sé que tengo cosas que cambiar padre.
Carlos: hijo, reflexiona sobre tus acciones cambia de rumbo
tu camino, si bien es cierto, todo lo que yo tengo te pertenece. Pero no te
dejes llevar por lo material porque es algo que se termina en cambio tu
formación será lo más valioso que te dará la vida. Piénsalo por favor.
Andrés: si padre, así lo haré.
Después de 6 meses el padre, continúa con su
preocupación y su empeño en querer hacer reflexionar a su hijo, y lo vuelve a
llamar.
Carlos: espero no molestarte, pero sabes que el camino que
llevas es el erróneo, te han golpeado y has tenido encuentros con la policía.
Te amo y quiero que pongas los pies en la tierra y hagas conciencia y le tomes
más atención a tus estudios.
Andrés: padre yo soy joven y quiero divertirme, tú no me
entiendes. Sé que he cometido errores pero eso me ayudara a ser mejor en un
futuro.
Al cabo de 1 año y 2 meses el padre nota nada ha
cambiado que todo continúa igual o peor que antes. Lamentablemente Carlos
contrae una terrible enfermedad y se desmejora rápidamente. Ya en su lecho de
muerte manda a llamar a su hijo Andrés para hablar con él por última vez.
Carlos: hijo mío, ahora no te diré nada acerca del camino que
decidiste llevar, pero ti te quiero pedir una sola cosa.
Andrés: no digas eso padre, tú te vas a mejorar. Pero haré lo
que me pidas.
Carlos: en la parte de atrás en la vieja bodega, hay una viga
justo en la mitad de la habitación, en ella una soga amarrada que al final
tiene una argolla y bajo ella un banco de madera. Quiero que cuando hayas
perdido todo lo que heredes vayas allí y te subas al banco coloques tu cabeza
en la argolla de la soga y te dejes caer.
Andrés: como me puedes pedir algo así, padre yo no perderé
todo lo que me has heredado tomaré la administración y seguiré como tú lo has
hecho.
Carlos: quiero que me lo prometas, es lo único que te pido.
Andrés: está bien padre así lo hare.
Finalmente luego de 1 mes y medio Carlos fallece y
Andrés hereda todo lo que su padre tenía como él lo había dicho, toma la
administración de la hacienda y la industria de lácteos. Al pasar 5 años
empieza a perderlo todo, la inexperiencia y la mala preparación académica lo
llevaron a perderlo todo. Al verse sin nada recuerda aquella promesa que le
hizo a su padre y decide cumplirla. Cuando entro en la vieja bodega todo estaba
justo en el sitio donde su padre le había dicho, se sube al banco de madera
coloca su cabeza en la argolla del final de la soga y se deja caer. En ese
momento la viga se rompe y el cae al piso y junto a él un cofre lleno de joyas
de oro y una carta que el sobre decía: “Para mi querido hijo”. Andrés abre la
carta y lee lo siguiente:
Querido hijo
Sé que estás leyendo esta carta
porque lo has perdido todo, sé que me extrañas mucho porque empiezas a conocer
las necesidades y obstáculos que se presentan en la vida. Te amo mucho hijo
mio, se que aunque ya no estoy contigo te sigo amando y cuidando. Este cofre
contiene joyas de oro que te ayudarán para que puedas comenzar de nuevo, no
olvides hijo mío que la vida es muy dura y que si no pones tus esfuerzos en lo
que haces lo perderás todo, como ya te ha pasado. Toma el rumbo correcto y
empieza un nuevo camino.
Tu padre que te ama Carlos.
Andrés cayó desconsolado
al piso y lloro por un largo tiempo y agradeció al cielo, a la vida y a su
amado padre por haberle brindado una segunda oportunidad. Desde entonces
decidió tomar el camino correcto y empezar de nuevo.

“No esperes tocar fondo, para cambiar tu camino”
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